23.4.12
29.3.12
Ay, el bloc de notas
Esta noche he visto una película en versión original, no demasiado buena, tampoco demasiado mala. Tranquilla, que dirían por ahí. La película era de 2006 y transcurría en Nueva York. Es decir, después de todo aquello del World Trade Center, que fue en 2002, pensé. Vaya año, seguí pensando. Luego me di cuenta de que en realidad fue en 2001, pero ya mi línea capicua de pensamiento estaba instaurada. 2002.
2002 es de los pocos años que figuran entre mis recuerdos como año redondo propiamente dicho, y no dividido entre cursos académicos. En 2002 terminé el instituto y empecé la universidad. Fui por primera vez a Madrid, y por segunda, y tercera. Cogí 4 veces el Socibus, a cada vuelta más triste. Fui de camping. Hice el camino, por primera vez conocí un montón de gente de muchos sitios a la que pensaba que seguiría viendo después de algunos años. Me enamoré 2 veces. Fue la primera vez que me emborraché de verdad, la primera vez que vomité. Aborrecí el ron con cola, el ron con naranja y me pasé al vodka. Aprendí a jugar al Chinchón, a perder, más bien, y a pagar cafés sin rechistar un día tras otro. Me dieron el Diploma BI, saqué 33 puntos, y fue la última vez que tuve vacaciones en verano. Dejé el teatro.
La primera clase que me salté en la facultad fue de matemáticas, para ir a tomar un chupito azul con esa gente tan rara que eran los amigos de Mer. Debía ser jueves. Pero...ups. Eso ya fue en 2003.
[viernes, 18 de septiembre de 2008, 13:04]
2002 es de los pocos años que figuran entre mis recuerdos como año redondo propiamente dicho, y no dividido entre cursos académicos. En 2002 terminé el instituto y empecé la universidad. Fui por primera vez a Madrid, y por segunda, y tercera. Cogí 4 veces el Socibus, a cada vuelta más triste. Fui de camping. Hice el camino, por primera vez conocí un montón de gente de muchos sitios a la que pensaba que seguiría viendo después de algunos años. Me enamoré 2 veces. Fue la primera vez que me emborraché de verdad, la primera vez que vomité. Aborrecí el ron con cola, el ron con naranja y me pasé al vodka. Aprendí a jugar al Chinchón, a perder, más bien, y a pagar cafés sin rechistar un día tras otro. Me dieron el Diploma BI, saqué 33 puntos, y fue la última vez que tuve vacaciones en verano. Dejé el teatro.
La primera clase que me salté en la facultad fue de matemáticas, para ir a tomar un chupito azul con esa gente tan rara que eran los amigos de Mer. Debía ser jueves. Pero...ups. Eso ya fue en 2003.
[viernes, 18 de septiembre de 2008, 13:04]
4.3.12
After a few days feeling grey...
...en todos los sentidos posibles que se le puedan dar a la palabra, haré lo que hacemos las mujeres cuando necesitamos un cambio. Ya que cortarme el pelo no sirvió, haciendo un gran esfuerzo pasaré de mis habituales 5.4 y 5.5 a un arriesgado y radical 5.6: Red Berry (y aquí me dan ganas de poner un xD, pero como esto en teoría es un blog y no un comentario de facebook parece un poco fuera de lugar).
Será una de esas cosas que más que nada llevas por dentro, pero me vale de momento.
Souris la vie est bête...
Será una de esas cosas que más que nada llevas por dentro, pero me vale de momento.
Souris la vie est bête...
2.3.12
9.12.11
L'eccezione che conferma la regola
Un día, contra todo pronóstico, te das cuenta de que eres la excepción.
Y como eres como eres, simplemente te preguntas cuánto tiempo pasará antes de que la regla se imponga.
Y como eres como eres, simplemente te preguntas cuánto tiempo pasará antes de que la regla se imponga.
The world as I know it
Y en eso ando, exactamente seis meses después, explorando la vida al otro lado de los agujeros negros.
Cierto es que la fuerza de gravedad es muy suya, y tira. Tira muchísimo.
Pero yo voy a resistir todo lo que pueda, porque aquí en el espacio exterior no se nota tanto, así que os cuento.
Hace algo más de dos meses, después de pasar medio verano en mi otro hogar, me vine a vivir a la isla. Tan grande que no te das cuenta de que estás en una isla, verdaderamente, aunque veo el mar todos todos los días. Al principio era bonito, ahora es simplemente algo que está ahí, cada vez más gris.
La vida es muy distinta, pero me gusta. Los cambios siempre son buenos, y sobre todo a mi cabeza le vienen bien para seguir rodando sin perder el equilibrio.
Los primeros días no fueron tan fáciles como pensaba, pero tampoco duros. Simplemente no me esperaba la incapacidad para comunicarme, era una sensación que nunca había experimentado antes (ni siquiera cuando llegué por primera vez al otro hogar) . Cada noche me iba a la cama deseando despertarme a la mañana siguiente con el superpoder, los oídos nuevos, el cerebro renovado. Luego, no sé todavía cómo, pasó. De hecho, todavía está pasando, cada día pasa.
Tras eso, vino el coche. Otra cosa nueva, esta vez más mecánica, y con la certeza de que iría bien en muy poco. Pero saber que las cosas van a ir bien a mi cerebro le da igual. Mi cerebro siempre piensa lo peor, pero en la justa medida para no sugestionarme demasiado, de forma que al final, contra todo pronóstico y efecto placebo, las cosas que están bajo mi control directo, van bien.
Así que parece que ya solo me queda el último paso, que es salir sola al mundo, a ejercer. Siento una tranquilidad que achaco a la inconsciencia, básicamente. Imagino que pasará otro mes antes de entrar en la rutina en la que ya nada me preocupe fuera de las horas de trabajo, entonces el señor cerebro volverá a dejar de rodar y se quedará atascado en la misma canción de siempre, que cada vez suena más desafinada.
Buenas noches, y buena suerte.
Cierto es que la fuerza de gravedad es muy suya, y tira. Tira muchísimo.
Pero yo voy a resistir todo lo que pueda, porque aquí en el espacio exterior no se nota tanto, así que os cuento.
Hace algo más de dos meses, después de pasar medio verano en mi otro hogar, me vine a vivir a la isla. Tan grande que no te das cuenta de que estás en una isla, verdaderamente, aunque veo el mar todos todos los días. Al principio era bonito, ahora es simplemente algo que está ahí, cada vez más gris.
La vida es muy distinta, pero me gusta. Los cambios siempre son buenos, y sobre todo a mi cabeza le vienen bien para seguir rodando sin perder el equilibrio.
Los primeros días no fueron tan fáciles como pensaba, pero tampoco duros. Simplemente no me esperaba la incapacidad para comunicarme, era una sensación que nunca había experimentado antes (ni siquiera cuando llegué por primera vez al otro hogar) . Cada noche me iba a la cama deseando despertarme a la mañana siguiente con el superpoder, los oídos nuevos, el cerebro renovado. Luego, no sé todavía cómo, pasó. De hecho, todavía está pasando, cada día pasa.
Tras eso, vino el coche. Otra cosa nueva, esta vez más mecánica, y con la certeza de que iría bien en muy poco. Pero saber que las cosas van a ir bien a mi cerebro le da igual. Mi cerebro siempre piensa lo peor, pero en la justa medida para no sugestionarme demasiado, de forma que al final, contra todo pronóstico y efecto placebo, las cosas que están bajo mi control directo, van bien.
Así que parece que ya solo me queda el último paso, que es salir sola al mundo, a ejercer. Siento una tranquilidad que achaco a la inconsciencia, básicamente. Imagino que pasará otro mes antes de entrar en la rutina en la que ya nada me preocupe fuera de las horas de trabajo, entonces el señor cerebro volverá a dejar de rodar y se quedará atascado en la misma canción de siempre, que cada vez suena más desafinada.
Buenas noches, y buena suerte.
4.4.11
Propósito de enmienda
Ok.
Me voy de esta ciudad, cuando me vaya hará más o menos 2 años que llegué, y me llevaré las maletas bastante más llenas de lo que vinieron.
Así que ahí va la lista de cosas que tengo que hacer antes de irme.
Una lista chorra donde las haya, único modo de alcanzar la perfección y tacharla entera, porque como nos pongamos exigentes...
1. Hacer jabón. Pero no con grasa humana.. (aunque con el tiempo que lleva el aceite de la freidora guardado, cualquiera sabe qué tipo de microcosmos se puede haber creado ahí dentro).
2. Demostrarle a Rache que lo de hacer un teléfono con 2 yogures vacíos funciona. (y espero que funcione y que los recuerdos que tengo en la cabeza no sean una reconstrucción de los hechos un poco chunga)
3. Echar una noche como la de Reyes, esto es: beber en el Irish hasta que nos echen, luego beber en el Moby hasta que nos echen, luego estar en la calle hasta que intentemos entrar en el último bar abierto y no nos dejen, y luego irme a casa más contenta que unas pascuas porque no trabajo al día siguiente.
4. Celebrar mi despedida en el BB2
5. Ir al Fraggle al menos DOS veces.
(To be continued... espero que a un ritmo razonable y equilibrado entre tachones y aparición de nuevos puntos en la lista).
Me voy de esta ciudad, cuando me vaya hará más o menos 2 años que llegué, y me llevaré las maletas bastante más llenas de lo que vinieron.
Así que ahí va la lista de cosas que tengo que hacer antes de irme.
Una lista chorra donde las haya, único modo de alcanzar la perfección y tacharla entera, porque como nos pongamos exigentes...
1. Hacer jabón. Pero no con grasa humana.. (aunque con el tiempo que lleva el aceite de la freidora guardado, cualquiera sabe qué tipo de microcosmos se puede haber creado ahí dentro).
2. Demostrarle a Rache que lo de hacer un teléfono con 2 yogures vacíos funciona. (y espero que funcione y que los recuerdos que tengo en la cabeza no sean una reconstrucción de los hechos un poco chunga)
3. Echar una noche como la de Reyes, esto es: beber en el Irish hasta que nos echen, luego beber en el Moby hasta que nos echen, luego estar en la calle hasta que intentemos entrar en el último bar abierto y no nos dejen, y luego irme a casa más contenta que unas pascuas porque no trabajo al día siguiente.
4. Celebrar mi despedida en el BB2
5. Ir al Fraggle al menos DOS veces.
(To be continued... espero que a un ritmo razonable y equilibrado entre tachones y aparición de nuevos puntos en la lista).
3.4.11
Adele
Uno de mis grandes traumas es que no consigo hacer fotos buenas en los conciertos. Bueno, y en general, en condiciones de poca luz, que es donde me muevo principalmente.
No es la cámara, porque recuerdo las partidas de rol, con tanto humo, tanto láser y tanto loco disfrazado que me pasaba las noches variando los ajustes de la maravillosa réflex para intentar captar algo decente. Luego algo se podía rescatar de entre los cientos de fotos, pero sabía que esa no podía ser la manera.
¿Qué falla? Necesito acercarme más, mucho mucho más, y me da pereza. Y la timidez, y todo eso. Así que bueno, de momento como deberes hacer miles y miles de fotos para descubrir qué hago bien en esas tres o cuatro que antes conseguía rescatar de la morralla.
No es la cámara, porque recuerdo las partidas de rol, con tanto humo, tanto láser y tanto loco disfrazado que me pasaba las noches variando los ajustes de la maravillosa réflex para intentar captar algo decente. Luego algo se podía rescatar de entre los cientos de fotos, pero sabía que esa no podía ser la manera.
¿Qué falla? Necesito acercarme más, mucho mucho más, y me da pereza. Y la timidez, y todo eso. Así que bueno, de momento como deberes hacer miles y miles de fotos para descubrir qué hago bien en esas tres o cuatro que antes conseguía rescatar de la morralla.
12.3.11
Recuerda:
Estaba preparando una entrada más leída y escribida para este tema, pero una visita que hemos tenido esta tarde me ha enfadado particularmente, así que me lanzo a ver qué sale, a estas horas de la noche.
Lee lo que pone el cartel. ¿Lo has leído? No, en serio, léelo. Aquí es fácil. En la farmacia no hay un cartel como ese, pero me encantaría que lo hubiera, para poder decirle a la gente que perdiera un par de segundos en leerlo. ¿Crees que sabes cuándo necesitas un antibiótico porque una vez te lo mandaron? No, no es así.
¿Crees que te digo que no puedo vendértelo porque me caes mal, o porque soy una persona maligna que desea que mueras por un resfriado normal y corriente? No, tampoco es así.
Si no te vendo un antibiótico, es porque legalmente no puedo. El día que eso cambie, entonces, a lo mejor tendré las herramientas necesarias para evaluar si lo necesitas o no, y según ese criterio y ningún otro te lo daré. Te explicaré por qué, no creas. Pero imagino que en ese momento me escucharás, no como ahora, que te preocupas más en concentrarte en contarme la mentira de que el dentista te acaba de recetar el augmentine por teléfono (esta es la de salir del paso) o que has empezado el tratamiento y te has dejado la caja en el metro y tienes que terminarlo (porque todo el mundo sabe que cuando uno sigue un tratamiento, la caja no la lleva en el bolso, ni en el bolsillo, la lleva en la mano y casualmente la olvida en el asiento de al lado).
Nota: sé que en gran parte la culpa de que la gente crea que puede tomar antibióticos como si fueran juanolas es de los farmacéuticos, pero no toda. Pero para esto sí que es tarde, otro día vuelvo al tema.
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